Jinghua Ceramics y Uzbekistán: la nueva frontera china que España vuelve a ignorar
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El gigante chino Jinghua Ceramics levantará un complejo de 32 hectáreas en la Zona Económica Especial de Kokand con capacidad para 23 millones de m² al año, mientras el sector español repite el error de subestimar la expansión periférica del azulejo chino.
El mapa de la geopolítica cerámica está cambiando de coordenadas y, una vez más, el sector español corre el riesgo de enterarse cuando sea demasiado tarde. Actualmente, nuestra industria vive ignorando la silenciosa pero masiva expansión de la producción china en África y Asia, cometiendo exactamente el mismo error de diagnóstico que hace diez años, cuando dábamos la espalda al crecimiento de la India y subestimábamos su producción como una amenaza puramente local.
El último gran movimiento de este tablero se ha producido en Uzbekistán. La compañía china Jinghua Ceramics ha anunciado la construcción de un complejo industrial de 32 hectáreas en la Zona Económica Especial de Kokand, con una capacidad inicial de 23 millones de metros cuadrados al año y un esquema de aprovisionamiento basado en materias primas locales en torno al 90%. El proyecto cuenta además con exenciones fiscales agresivas, suelo barato, energía subsidiada y costes laborales que ningún clúster europeo puede igualar.
No se trata de un caso aislado. Es la continuación de una estrategia perfectamente diseñada: deslocalizar capacidad hacia países con barreras arancelarias bajas, posición geográfica privilegiada y acceso directo a los mercados que la industria china ya no puede atender de forma competitiva desde casa por los aranceles europeos, mexicanos, estadounidenses o brasileños. Uzbekistán ofrece exactamente eso: una plataforma de exportación hacia Asia Central, Rusia, Turquía y el corredor que conecta con la Unión Europea a través del Cáucaso.
La lectura para Castellón es incómoda. Hace una década, cuando Morbi (India) empezaba a multiplicar hornos, el discurso dominante en España fue que era un producto de baja gama, mal acabado y sin recorrido exportador. Hoy, India es el primer productor mundial de baldosas cerámicas, ha desplazado a fabricantes europeos en mercados clave de Oriente Medio y África, y compite con el azulejo español en formatos, acabados y diseño. La historia se vuelve a escribir, pero esta vez con capital, ingeniería y maquinaria china desembarcando en países que hasta ahora ni siquiera figuraban en los mapas estratégicos de las empresas españolas.
Mientras tanto, los fabricantes chinos están adquiriendo know-how europeo a través de la compra de tecnología italiana y española, replicándola en plantas nuevas, totalmente digitalizadas, en jurisdicciones donde el coste energético no se ha disparado por la transición verde, donde no existe un sistema de comercio de emisiones equivalente al ETS europeo y donde la regulación medioambiental no penaliza la producción intensiva.
El problema de fondo no es la existencia de competencia, sino la pasividad con la que el sector español observa el movimiento. La estrategia comercial sigue anclada en defender cuota en Europa y Estados Unidos, con un discurso de calidad y diseño que ya no basta cuando la diferencia de precio por metro cuadrado se vuelve estructural. Mientras Castellón debate sobre tasas de CO2, ayudas insuficientes y costes regulatorios, China construye fábricas llave en mano en Uzbekistán, Egipto, Argelia, Indonesia o Vietnam, y desde allí abastece a los mismos clientes que históricamente compraban azulejo español.
La periferia global se equipa con tecnología de última generación y costes operativos imbatibles bajo el sello del gigante asiático. Las tendencias de la industria global no esperan a que los clústeres tradicionales reaccionen, y tropezar dos veces con la misma piedra en tan solo una década puede costar demasiado caro.